Ya Aristóteles opinaba que es injusto tratar como igual aquello que no lo es. Y varios valientes senadores argentinos que votaron en contra del matrimonio homosexual se adhirieron a este pensamiento, frente a la avasalladora masa de abanderados del relativismo y su dictadura, que finalmente se impuso por exigua mayoría.
En la madrugada del 15 de julio pasado, Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel nacional. Este acontecimiento estuvo rodeado de muchos escándalos, choques políticos, declaraciones polémicas a nivel religioso, multitudinarias marchas tanto a favor como en contra del proyecto.
El hecho merece una profunda reflexión. Sus defensores celebran el supuesto triunfo de la igualdad por sobre la discriminación, bajo el lema de “los mismos derechos con los mismos nombres”. Sus detractores, entre los que me incluyo, decimos que por esencia, naturaleza y tradición, el matrimonio no puede referirse más que a la unión hombre-mujer.
Bajo el argumento de la no discriminación, se está imponiendo la moda de pretender reconocer “derechos para todos”, cuando que estamos ante dos situaciones absolutamente distintas. La unión hombre-mujer es la condición sine quae non de supervivencia de la especie humana. Es la única que permite la reproducción, pues en la mayoría de los casos, esta relación es potencialmente fértil. Claro, no en todos (ancianos, infértiles, etc.), pero la excepción no hace a la regla.
La existencia del matrimonio como figura legal obedece, por tanto, a razones de orden público. Responde al motivo de un reconocimiento legal de lo que en la naturaleza se halla establecido. Brinda protección a la familia, que de otro modo natural, no podría existir, y otorga beneficios patrimoniales como consecuencia (sociedad conyugal, beneficios sociales, laborales, vocación hereditaria, etc.)
Admitir que sólo esto y nada más que esto es matrimonio no significa cerrar los ojos ante la realidad de un gran colectivo (por sobre todo, en países como Argentina) de personas que adoptaron la homosexualidad. No le estoy negando derechos ni discriminando, ni argumentando el matrimonio en base a una orientación.
Creo en la igualdad de derechos para todas las personas y que nadie puede ser privado de ellos por ninguna razón. Simplemente, explico lo que – segúna una convicción racional – son los caracteres esenciales de una institución, que trasciende lo jurídico y político. Llamar dos cosas diferentes con nombres diferentes no es discriminar.
Para suplir esta situación fáctica – la existencia de parejas homosexuales que conviven – se previó otro instituto jurídico, cual es la unión civil. A través de ella, se garantiza la cobertura de los beneficios sociales y patrimoniales ya mencionados, de modo a que ellas se hallen provistas de la protección legal que reclaman.
Sin embargo, a pesar de haberse presentado un proyecto alternativo con esta figura, por medio de maniobras políticas su tratamiento legislativo fue bloqueado y se impuso en la agenda el tratamiento del matrimonio homosexual, el cual finalmente prosperó. Ellos consideran que el mantener dos instituciones similares acentúa la discriminación.
Incorporar bajo el concepto del matrimonio a aquellas parejas estables de personas del mismo sexo es derribar la esencia sagrada y natural del mismo. Es forzar que algo que NO ES, sea. Es socavar un fundamento de la sociedad. Es querer igualar lo que es distinto, diferente, desigual.
La ley del matrimonio homosexual comete esa injusticia, en contra la mayoría en el colectivo social. Llama de la misma manera a dos situaciones que, de ninguna manera, lo son. Que no son iguales ni pueden serlo. Con ello, además, nos impone a todos un pensamiento que no queremos tener.
Y lo peor de todo... condena a los niños que en el futuro se adopten a crecer bajo una paradigma social de familia opuesto al que la naturaleza dispuso, bajo una concepción de la sexualidad contraria a aquella que los hizo concebir.
Es una degradación moral de la sociedad.
"NO SE PUEDE IGUALAR AQUELLO QUE NO ES IGUAL"
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16 de julio de 2010
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